Diseñando

Dijiste: grita. Yo fui la imbécil que se lo pensó seis años. Tiempo secuestrado. Después rompí tu ventana con un zapato pero tú ya estabas donde nadie escucha. ¿Quién sería yo, de haberte enviado las cartas? La misma. Habría olvidado el sello, quedarían extraviadas en una carretera, en la carpeta de algún vecino coleccionista. Yo, la misma. Sin ti. Y con todas las palabras revueltas pendientes de envío.

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