que la culpa es de la tierra

​Si volviera a pasarme lo de Bodas de Sangre, esta vez no moriría nadie. Nos sentaríamos los tres a la sombra de los violines a beber licor de hierbas. El novio, Leonardo, mis manos que son suyas. Quizá tendríamos un hijo o nos reiríamos de no volver a vernos. Los caballos no tendrían sed ni furia alguna, beberían agua clara de la fuente. Pero no me volvería a pasar, lo de Bodas de Sangre. Esta vez no lloraría por pensar que te mueres y lloraría seguramente delante de un vivo que sueña, delante de quien diga que quererme así, esta vez, es algo fácil y algo bueno. La próxima vez que me case y vuelva el amor de mi vida a ofrecerme cabalgar en su caballo negro voy a decirle que los trenes me gustan, pero que este barco que soy yo, este barco es lo que tengo. La próxima vez que sea mi cumpleaños y vuelva a ponerme un vestido de novia sucio de sangre caliente voy a ser yo quien llame a las cosas por su nombre. Y voy a celebrar que estás vivo. Y voy a fingir que no sé que te has muerto.

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